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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Martes, 18 de junio de 2019

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Sebastián en la laguna (2014)

Madrid, Egales, 2014

Aquel verano vi mi primer muerto, morado, hinchado, guapo aún, con los rizos revueltos. Ahogado en la laguna, aunque quizá estaba ya muerto cuando se puso de pie. Muerto antes que ahogado, eso decían los del pueblo. Yo lo sigo viendo muchas noches, hermoso, amoratado y frío. Fosforescente. Por las algas, supongo. Con el pelo apelmazado por los coágulos de sangre ya medio seca. Tumbado boca arriba con los brazos extendidos. La boca semiabierta y los ojos cerrados. Rígido como los álamos en invierno. Se escurrió en la barca y se golpeó en la cabeza con el motor, luego se intentó incorporar y cuando estaba de pie, se desequilibró y cayó al agua, pero estaba ya muerto, no murió ahogado, quizá estaba ya muerto cuando se puso de pie.

Aquel verano vi mi primer muerto, morado, hinchado, guapo aún, con los rizos revueltos. Ahogado en la laguna, aunque quizá estaba ya muerto cuando se puso de pie. Muerto antes que ahogado, eso decían los del pueblo. Tampoco es que haya visto muchos más después: tan solo a Alfredo Kraus y a mi padre. Hermoso, porque él era hermoso incluso morado y muerto, con el pelo revuelto, ensangrentado y lleno de algas, tardaron horas en encontrar el cadáver, enredado entre los juncos, con la cara fría y el torso desnudo, ese bellísimo torso que tantas veces había visto henchirse con su respiración. Resultaba extraño verlo ahora tan quieto, en la arena, junto a la verja azul. Era de noche y se había levantado una ligera brisa, como casi todas las noches de verano junto a la orilla de la laguna, tan oscura. Estaba tumbado boca arriba, rodeado por los vecinos de los apartamentos. Mamá bajaba corriendo por las escaleras, un poco desencajada, supongo que para impedir que mis hermanas y yo lo viéramos. Pero yo ya lo había visto (no así ellas: el padre del muerto se había llevado a todos los niños pequeños a la parte de atrás, a pesar de su dolor, quizá para preservar la intimidad del cadáver, tan desnudo). Yo lo sigo viendo muchas noches, hermoso, amoratado y frío. Fosforescente. Por las algas, supongo. Con el pelo apelmazado por los coágulos de sangre ya medio seca. Tumbado boca arriba con los brazos extendidos. La boca semiabierta y los ojos cerrados. Rígido como los álamos en invierno. Se escurrió en la barca y se golpeó en la cabeza con el motor, luego se intentó incorporar y, cuando estaba de pie, se desequilibró y cayó al agua, pero estaba ya muerto, no murió ahogado, quizá estaba ya muerto cuando se puso de pie, eso decían.

Género al que pertenece la obra: Narrativa
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