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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Domingo, 16 de mayo de 2021

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Los gatos príncipes (2005)

Premio de Poesía "Generación del 27"

Madrid, Visor, 2005

"Escribí estos poemas entre la primavera de 1998 y la primavera final de 2001. Coinciden temporalmente, casi del todo, con los que componen un libro, en parte, muy distinto a éste, Las herejías privadas, publicado en diciembre de 2001."

"Escribo poemas según vienen, según surge la necesidad, la fuerza que debe llegarte, el entusiasmo. Nunca he premeditado un libro de poemas. Pero cuando esos poemas se van acumulando yo suelo encontrar un sentido axial a mis libros. Y me gusta que giren alrededor de una viga central, si es posible. Y por ello cuento ahora la historia de este libro que quiere unir realidad y delirio, sexo y utopía, y que protesta sin cesar contra el mundo (el del Orden, el de la Corrección Política) que cada día me parece más siniestro y peor. No sé si sobreviviremos. O si lo hará el planeta."

 

 

Oda al señor en la máquina de guerra

Me emocionas (un segundo lo pienso)
y necesito describirte. ¿Qué me emociona en ti?.
El viento revuelve tu pelo
y lo restriega -loco- por tu geometría.
Con los shorts deportivos, tus muslos
lisos aprietan la moto, jalan
desesperadamente la máquina veloz
que lleva tus carpetas, desordena tu pelo,
abre tu camisa suavemente azul
y corre, como el futuro, hacia parte ninguna.
Tus piernas y tu rostro, brillando,
deshacen la literatura y dejan atrás
las líneas de Mondrian y los sueños de Magritte...
Tus muslos en el sol de la moto
dejan abolido el abstracto y la postmodernidad;
el ritmo desordenado de tu pelo
deshace los ritmos trocaicos y los espondeos
mientras -en tus carpetas, con una novela
de Chester Himes- todos los innúmeros
traductores de Horacio, tan preclaros, se suicidan en fila...
Te miro en la tarde urbana,
muchacho sin nombre, desganado de verano y moto,
y una emoción me arrastra,
puedo jurártelo, más allá del trivial erotismo.
Tu belleza, hecha velocidad, simetría y sinsentido,
es todo lo que tiene el mundo.
El mundo entero.
Sin ayer, sin mañana, sin historia y sin dios,
sin caridad, ni daño, sin dolor,
eres la pura euforia que sería la vida,
si la vida absoluta pudiese en nosotros ser
- y no puede -
algo más, poco más, que este fugaz minuto.
Tu minuto de sol y moto, con las piernas desnudas.

 

 

Crisis última en el Imperio

(Homenaje a William S. Burroughs)

Me dijo que podía darme noticias,
si esa palabra aún significaba algo:
Nueva York, desde luego, había desaparecido,
y millones de personas muerto
catastróficamente, echadas al camino,
en las inmensas tormentas polares
que se incrementaban desde el sur de Siberia...
Las redes de comunicación
eran prácticamente inservibles
- apenas había vuelos regulares
o autopistas en uso -
Y el orden - o el desorden -
pertenecía a los Señores de la Guerra...
Estábamos en una aldea del sur
marroquí, donde nada parecía suceder,
aunque la gente estaba aterrorizada,
sin correo, ni autobuses ni televisión.
Me dijo que seguiría hacia el este
y que, quizás, pudiera yo acompañarle.
Te pueden matar fácilmente,
y tú puedes matar, tendrás que hacerlo...
Morir es menos extraordinario que nunca,
con cientos de laboratorios biológicos en llamas,
pero, a cambio, pasase lo que pasara
en un mundo terrible donde la impotencia
había destruido la vitalidad (tal dijo)
y el resultado era este apocalipsis de venganza
o este preludio a un tiempo nuevo
o al vacío finalmente alcanzado
entre crímenes, epidemias y tormenta,
lo cierto era, contra toda esperanza,
que ahora sí éramos realmente libres
y (ya que no supimos organizar la libertad)
ahora, al menos, frenética y terriblemente,
al menos, un corto tiempo, podríamos vivirla...
¿Peligroso?. ¿Cuándo no fue peligroso ser libre?.

 

Hécate divina

Es un sueño. Y en el sueño (que es despertar abrupto)
hay un amigo antiguo, ahora ilustre,
con gran batón barroco
en barcas que figuran el río del adiós
o del olvido...
Ese amigo ha traicionado la moral que quiso.
Ha traicionado, en el altar del sol,
los fuegos de la luna que quisimos,
fuegos fríos de dioses antinormativos,
dioses del no, del nunca, dioses rebeldes, vivos...
¿No fue nunca mi amigo en su verdad lunar?
¿Fue sólo ocasional su luna?
¿O es la traición -incluso la más simple-
corrientísima moneda de la vida?.
Éramos, no somos.
Sólo un trecho caminamos con alguien.
El camino, frecuentemente, se hace sólo,
y cambian, mudan las fugaces
y dulces compañías...
¿Traición o imposible?
Yo no sé si existe la amistad
y muchas veces dudo del camino y la meta...
Pero nunca he dudado de la luna y la noche.
De sus dioses salvajes, rebeldes, juveniles...
(Incluso cuando no sabía).
Sólo he querido la ley contra la Ley.
Sólo he querido rehacer el mundo.
Sólo la radical desobediencia.
(Pese al río que pasa y que es constante olvido).

 

 

Habitación de un hotel casi vacío

El poeta ha dado ya la vuelta a su casaca...
¿Quién es el poeta y qué percibe?. Su casa
es fonda de deterioro y su corazón no da ya cobijo
a las rosas ni a los ácaros, ni tampoco a los halcones.
El poeta se deja crecer las uñas, como si fuese
dable afilarlas -basalto u obsidiana-
y se pregunta cómo es posible resistir, cómo
es posible temblar y no perderse, en tanta mortal
ansia, y sin embargo perdurar, sin rosas ni halcones.
Sabe el poeta que el alma está sucia, como
la esquina de todos los barrios y los ríos y el espacio...
Chatarra anímica. Cotidianas hecatombes,
matemática imposibilidad de ser feliz,
y entonces el barco que busca el abismo
y el timonel suicida y el final del final de lo cometas;
pero la voz persevera y te pones de pie y sigues,
sí, inexplicablemente, continuas...¿Dónde está
el poeta?. Donde se borra la vida y empieza el declive.
Ahí. Raspado. Penumbroso. Donde el búho
y el gato arcaico y la voz escapándose...
Donde el terror, la mentira y la belleza.
Ahí. Donde todo quisiera ser huída.
No creo en nada ni en nadie, amiguito.
Me defiendo. Tan sólo me defiendo. Y sueño en
Platón y me defiendo. Ya ves, como al principio...

 

Relato, en enero, de un monje solitario

Con la edad imaginas la muerte en el invierno:
es todo de hielo y enormemente blanco.
Más que frío de frío, en lo adentro está el frío,
que ni duele ni calma, ni sosiega ni enerva...
Los fantasmas visitan al que piensa en la muerte.
Inconcretos fantasmas que son todos y nadie.
Rostros conocidos, telas blancas, almas blancas, pero
cuerpos sin nombre. Cuerpos blancos de frío y de ceniza.
Tú estás en la ventana mirando el mundo muerto,
blanco como el suspiro y frío, nieve y negro.
Ves y no ves. Todo es oscuro y claro, estás solo
y ves gente que está sola y te hablan y hablas,
pero sin aire no hay voz, ni ruido ni ternura...
Hay solo un alma blanca. Muerta entre frío y muertos.

 

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