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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Jueves, 13 de mayo de 2021

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Marginados (1993)

Madid, Visor, 1993

"Hay en estos Marginados piedad (¿por qué temer la palabra?) pero también celebración, apetito de vida. Detrás de toda marginación hay pasión, si delante es más que visible la injusticia. Pasolini escribió en carta a su amigo Spagnoletti (era en los años cincuenta): Cuando de la vida se ha consumido todo, aún queda todo. Por eso he hablado de celebración.

La pasión de este libro es el lenguaje, las voces varias; pero en especial el sermo urbanus de hoy, las hablas de la ciudad. Marginados quisiera estar en esa faceta de la literatura (y de la lirica) que subraya la vida. Amor por lo terrible. Seducción por los perdedores. E, insisto, visión de lo atractivo e insoportable. Es (en un nuevo sentido) poesía social: O poesía de la pena, la rabia, la pasión y el desprecio: Móviles de vida".

 

 

Chapero

Nunca pensé hacer eso.
Sencillamente me daba asco
aunque yo hubiese disfrutado de chaval
con otros chicos, tú ya sabes...
Pero ¿qué tiene que ver?
Luego te faltan las pelas,
no dura el curro,
en tu casa dicen que te busques la vida,
y un amigo te da la solución.
Me dijo aquel chaval:
Cuando un tío te de mucha grima,
tómate un trago de ginebra,
y déjate hacer. Es fácil...
Con el tiempo encuentras que no es tan diferente.
Y hay gente muy legal
Tíos que están dispuestos, de veras,
a echarte una mano. Que se encaprichan contigo...
Y la verdad, te lo montas a gusto con ellos,
en la cama.
Luego hay cerdos, cerdos cabrones,
tíos que te trantan como una servilleta:
Que te orinan el cuerpo
o quieren que les des dos hostias fuertes.
En realidad no te gusta esa vida,
siempre en garitos y pensiones malas...
Pero hay días que cuando entras al bar,
temprano, recién dormido, fresco,
y ves a uno de esos que te apañan la noche,
esos días respiras de repente,
y te parece que todo será como un Kawasaki enorme.
Dirías que nada cuenta el tiempo.
El mundo resplandece, hay copas preparadas. La noche es dulce.
De verdad, mañana ¿qué significa mañana?

 

 

Lobo-Hombre

Alguien con la boca ensangrentada, pide otra sangre.
Arrastrándose - astilla y no bastón - recorre la acera una mendiga.
El corazón del daño vibra en cada segundo de la vida.
Seguir duele. Duele decir, escuchar o no haber dicho, duelen.

En una vieja estación abandonada - cuenta un amigo - unos chavales
apalean a un perro bajo el sol. El animal se arrastra, ensangrentado,
y muere: imagen del mundo - cuenta - somos el can escuálido
que agoniza de daño vivo, la mendiga, somos los insultados, los dolidos.

Lenitivo es sentirse llagas puras. Verdad que nos dañan
y pegan, incluso sin querer. Pero este absurdo sentido de ser hombre
consiste unidamente en ser mendiga y perro ensangrentado, heridos,
y los rudos chavales que golpean. Perro y palo. A la par, agredido y agresor.

Tigre

Dos o tres veces al día le había visto temblando
al pedir una copa;
con los ojos idos, otras, como quien
bebió en exceso.
La delgadez era más cada día,
algunos ostentosa.
Se sentó en mi mesa, aquella noche
y dijo:
¿Te acuerdas cuando pinchaba discos?
¿Te acuerdas?
He tenido a las mejores tías, de veras, pero ahora
ando dando bandazos.
¿Me puedes pasar tres libras? Siempre me
has caído de puta madre.
Te lo juro.
Y a rachas era alegre y a ratos taciturno,
con sortijas rockeras,
y un paso por el bar vacilante y extraño,
sin perder del todo
el aire que hace amigos.
Vestía con vaqueros, y la cara -sus marcas-
decían que ya no era el chico guapo aquel,
con el pelo muy largo,
que triunfaba de pincha hacia el ochenta y cinco.
No se porqué lo digo.
Ocho años llevo metido en el caballo.
No sé porque lo cuento.
Me has caído siempre de puta madre.
¿Y qué sé yo qué hace uno?
Eliges, ¿sabes?
El caballo es eso,
una forma de vida.

 

 

Madrugada en Madrid, agosto, 1990

Gran Vía noche arriba, florece la heroína en traje negro.
En las miradas sientes agujas sucias, pensiones de miseria,
ojos buscando no sabrías si tumba u otro cuerpo.
Tanta delgadez lunar florece en la Gran Vía,
tanto temblor de manos, tanta ruina de infección y hambruna,
manchas cutáneas, acaso, sidosos fantasmas que murieron,
temor a casi todo, mientras la leche cae del tetrabric abierto,
como ese último sueño de aferrarse a una norma...
Escuchas pillar algo. Hay un dolor tan denso subiendo
la Gran Vía, la enfermedad vagando, aliada del sexo,
y aquel muchacho en pantalones cortos, sucios, la chica revestida
de huesos esqueléticos, dirías silicóticos peones gaseados.
La Gran Vía nocturna es un hondo pasillo de antracita,
y hay cuartos por detrás de agonizantes solos, sollozos y rateros.
Bajo las casas nobles de principio de siglo -polvorientas-
africanos y yonquis, navajas, viejas putas,
jovencitos oscuros, jeringuillas, travestís y camellos
cantan la gloria opaca, la cochambre sin letra de este fin de milenio macilento

 

Género al que pertenece la obra: Poesía
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