Ir al contenido

Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Domingo, 16 de mayo de 2021

Inicio | ¿Quiénes somos? | Editar mi portal

El viaje a Bizancio (1976)

 

"El poeta anglo irlandés William B. Yeats, levantó en dos de sus mejores poemas una ciudad-símbolo. Bizancio como enclave de eternidad. Mito donde la vejez no es posible (That is no country for old men). Y los jóvenes que allí habitan se abrazan entre el oro eterno. Bizancio brota del mar de la muerte, y es así el mito de la Nueva Jerusalén. Pero en tal ciudad la eternidad sólo la construye - o la inventa - el hombre.

A esa Bizancio apela el título de este libro. En mito, homenaje, amor y realidad de juventud. Éxtasis en el texto. Edad sagrada.

El illo tempore de los orígenes. La isla del Paraíso. El edén perdido. La adolescencia, el mal, la belleza, el goce y el amor. También la nostalgia. Lo bello y lo condenado. Eso es Bizancio. La ciudad que resistió, fue destruida, es destruida y vive".

 

 

El fauno del parque


¡Qué extraño el joven fauno que grita
su hermosura! Al viento el brazo aleve,
como agitando un tirso de flores y de espumas
parece que te mira o te habla o te invita.

Su cuerpo es una danza extática y curva,
su cabello es suave como tarde en un río,
hay una flor extraña prendida en su cintura
y un mudo deseo que hiere en sus pupilas.
¿Qué raro fuego guarda el fauno entre los labios?
Parece de su brazo desprenderse un perfume,
mientras en sangre eterna vence al polvo del aire.
Ideal como la dócil cauda de la tarde,
el joven semidiós triunfa del viandante.
Barro o mármol es oro y amor, solitario, en el parque.

 

Piscina

Con un ligero impulso la palanca palpita,
y el desnudo se goza un instante en el aire,
para astillar después en vibraciones verdes
el oro y el azul y la espuma que canta.

Desciendes un momento. Y riela en los visos
del cristal transparente el fuego que galopa
entre las ramas verdes, y es túnica
de seda que amorosa recoge la selva de tu cuerpo.

Te detienes y nadas. El fondo es tu capricho.
Como un solaz de algas que amase tu cabello
te complaces en verte por grutas submarinas.

Y al regresar al sol, nos miras en la orilla,
mientras, toda codicias sexuales, el agua
deseosa, se goza solitaria en tu cintura.

 

Querubes

Entregados al mal y a los deseos,
aman la sangre y los placeres turbios,
el vértigo infinito de los labios,
el peligro que acecha tras las curvas.
Pero su cuerpo es bello y seductores
son sus ojos como ramos lilas,
hay huertos escondidos en sus labios,
cálidos ríos en su piel nocturna.
Todo se desconoce de su origen.
Son una raza extraña de fulgores
hermosos. Ancho dolor de deseos.
Les darías la vida como un ebrio,
porque hay rosas de amor en sus labios,
y nada importa el mal en cuerpos bellos.

 

Satélite del amor

Es hermoso y sagrado el reino de la noche,
lo pueblan suaves seres que maquillan sus ojos
y mezclan la tristeza con el sabor del júbilo.
Seres agrestes para quienes el amor tiene
todos los nombres del peligro. Las lámparas dejan
su ámbar por la noche. La lluvia su dulzura.
Los inmaduros cuerpos el delicado olor de su erotismo.
Rugen las motos. Cada puerta es un viaje sin destino.
Entonces tu cabello, como la piel suave de los hombros
desnudos, abunda más en bronce, se abandona a los tactos.
Son más dulces los labios. Más cálido de luna el río
esbelto y bello de tus piernas. Somos de ese reino,
donde como en Chuang-tsé, el filósofo, se mezcla sueño y vida.
Donde amar es provocación y goce, y un cuerpo el misticismo.

 

Género al que pertenece la obra: Poesía
Bookmark and Share

Comentarios - 0

No hay comentarios.


Escritores complutenses 2.0. es un proyecto del Vicerrectorado de Innovación de la Universidad Complutense de Madrid
Sugerencias