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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Domingo, 16 de mayo de 2021

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Syrtes (1972, 2000)

 

Barcelona, DVD, 2000.

Se trata del segundo libro de poemas de Luis Antonio de Villena, que por no encontrar editorial en su momento permaneció inédito hasta el año 2000. Syrtes es un libro en el que se imbrican cultura y vida con elegancia y con inteligencia, pero, sobre todo, con una decidida actitud hedonista para enfrentarse con los espacios y los tiempos de la realidad. Estos poemas no ignoran la tristeza y la tragedia que siempre nos acechan entre lo cotidiano, pero el libro es también un viaje confiado, una búsqueda y encuentro de instantes en que la vida se carga de placer, aunque resulte efímero, de belleza suficiente, aunque proyecte una sombra de desasosiego. La existencia humana, con todos sus claroscuros y paradojas, se expresa en estos poemas. Syrtes es "deseo del sur, peligro y eternos contrastes cuyo nombre es diferente para cada circunstancia y para cada hombre. Como ese fantasma que hay detrás de toda alegría".  

 

Kitagawa Utamaro. Noche en el mundo perecedero

Mar, cúbrenos con tus ondas, desata en nosotros la verde curvación de tu cuello, haznos sucumbir bajo tus crestas, en nuestros ojos pon el lirio como el fuego de tus manos, destroza nuestras torres, nuestros navíos haz murallas abrasadas, Edo o Babilonia, la llanura inmensa y larga de tus manos, destrúyenos para siempre, dibuja sobre nosotros la flor espiral de la derrota, el torbellino azul como el penacho muerto, el fin perpetuo. Mar, inúndanos, ahóganos bajo tus grandes abetos para siempre y sea sólo sobre una estatua inútil un blanco reguero de la espuma...

 

Fabliau del encuentro

Y abriría la puerta y tú estarías allí,
como el árbol, sin saberlo.
Y diría palabras que no son mármol,
ni tampoco melancolía.
Y de ti quedaría, como en el vaso,
el olor de la rosa,
sus pestañas profundas de belleza abisal
como las esmeraldas,
el fulgor de lejanas estrellas que como agua
relumbran y seducen.
Dicen que no puede ser más, vibrar de palmas,
ojos, susurrar de yerba,
pero basta un dardo, no hay defensa,
lo demás es solo saber
que tú puedes llamas y sol y cáliz de pétalos
en el calor de la noche.
Toma en tu casco toda la luna que puedas,
hasta el beso,
y oscurece, oscurece tu lenguaje.
Y de ti quedaría, como en el vaso, no las
palabras, sino el olor de la rosa.

 

Género al que pertenece la obra: Poesía
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