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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Domingo, 16 de mayo de 2021

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Sublime solarium (1971)

 

"El título de este libro, al parecer enigmático, admite una doble significación. Aceptando su lectura castellana, querría significar misterio deslumbrante, todo aquello que nos tienta con su oculta voz, que nos atrae y que es al mismo tiempo palacio de nuestro refugio y de nuestra duda. La segunda lectura que el título admite es latina, y proviene del Memoriale sanctorum de Eulogio de Córdoba, escrito hacia el 850 de nuestra era, y donde se narra la persecución y el martirio de los cristianos mozárabes, víctimas de la fe. Como adecuado final a su libro, Eulogio narra allí la muerte del emir Abd Al-Rahman II, que hábilmente atribuye a su maldad para con los cristianos. Presa del mal, el príncipe sube a la terraza más alta (sublime solarium) y muere rodeado de todo el esplendor de sus fastos.

La lectura latina de nuestro título querría significar, pues, el símbolo de la muerte aceptada, del más bello puñal para morir de los senadores romanos, de Petronio con las venas abiertas en el banquete, más ecuánime y sereno, junto al vaho del deseo y de la música. Querría significar, finalmente, todo aquello que, ignorado del autor, representa para el lector un camino, una difícil señal, o la débil rama que basta a mantener su interés en la vida".

 

 

Raso en la autopista

L'anima sua bianchissima e leggera
Sergio Corazzini

Brillantes son las avenidas de la noche,
las vacías autopistas que solitario
atraviesas en la cabina de un coche,
como si una soledad acristalada
permitiese la vida de los sueños, de las
niñas que mueren de amor ante los
cines, fuera del mundo, al borde de la noche.
Automóviles solos que en todos los moteles
hablan del saxo azul de los night-clubs,
de un silencio de seda, del fuego que
abrasa las tablas de la ley cuando
el malhechor - raso en la pechera - decide
ahogar su dolor en los cetáceos muertos,
en la pálida estrella que ve brillar
tras el arabesco del balcón en un
motel cualquiera...
Con el alba el claror redibuja un paisaje,
el cascote del día resuena contra el
níquel y hay olor a comienzo de caza
en los bares desiertos, desiertas avenidas...
Las sábanas entonces, al que tarde regresa,
le ofrecen dulzura de hierba cortada,
rocío en las hojas de los tréboles,
trinos de tordos que saludan al alba.
En tanto tú regresas, marchito el clavel
en la tersa solapa, dispuesto al sueño,
al olvido del dolor, al rubio olor del champaña...
Y mientras, las carreteras desenvuelven
las alfombras azules de la madrugada.

 

Cenit, fuego y Nadir de Guido Gozzano

Desesperadamente amaba las frondas del ocaso,
la etérea golondrina, tropo o voz del silencio.
Descansaba sus ojos en ópalos de fuego, recortaba
un enjambre de rosas o amaranto en viridarios
verdes como cortinas luengas, como bocas de faunos.
Sacerdotes de Persia con los ojos inmensos como
azabaches solos, donde un labio de sangre, un sueño,
en el ámbar del vidrio desmayaba las uñas, el
múrice, el polvo de arroz y el fuego de una actriz
de tragedia. Y los pétalos tiernos acercaba a sus labios.
Nostalgia de montañas sentía por la sangre,
cincelados abetos que en los brazos del tiempo un
recuerdo albergaban, celindas como lagos sin memoria,
dúctiles, largos, sinuosos y tórridos collares.
La corrupción anida, príncipe del viento, en la belleza.
En mis brazos se mece como añoranza eterna,
renuncia a todo árbol porque todo es inútil,
y afán de muerte siempre en la voz de las rosas.
Después fue tan sólo tomar alfanje de su vaina
de oro, encerrar versos tibios en las cajas-desvanes
y arder en la memoria símbolos eternos, columnas,
fustes, capiteles dorados como antorchas o esmeraldas
sus ojos entre dioses de oro, sedas, vertumnos,
ninfas de opereta...

Las damas de la corte sangran senos de alondra,
y Heliogábalo muerto - 235 de la era cristiana -
sobre el mármol dejó para nosotros, rojos alminares,
olor de casia dulce y de cerezas...
La corrupción anida, príncipe del viento, en la belleza.

 

El Cardenal Bembo escribe a Lucrecia Borgia

carpe diem quam minimum credula postero
HORACIO

chi vuol esser lieto sia:
di doman non c'è certezza

LORENZO DE MEDICI

Tormenta de rubí, cristal o seno,
una diosa atraviesa el ancho espacio,
y siente el labio aromas de topacio,
cortinas luengas, dulce desenfreno.
Combatir no es posible el viento pleno
que del desierto trae raudo o despacio,
la arena o rosas que con paso lacio
el collar cumple al fin de tu veneno.
Acepta, pues, y omite la costumbre,
estatua juzga el resto de tus días
y el jade de tus labios da a la lumbre.
No pienses en más islas apacibles,
la copa y los perfumes en que fías
todo ya es. Lo demás son imposibles.

 

Género al que pertenece la obra: Poesía
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Comentarios - 1

terbinafine

1
terbinafine - 10-04-2013 - 23:16:51h

Very interesting article. It affects a lot of urgent issues of our society. It is impossible to be uninvolved to these problems. Your post gives good ideas and concepts. I appreciate the information and the effort you put into your article.


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