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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 25 de junio de 2022

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Del mar bajo los puentes (1988)

Accésit del Premio Adonais de Poesía (1987)  

 

Madrid, Ed. Rialp, 1988, Col. Adonais nº 750.

 

Despacio

Te sonrío despacio con mis ojos de siempre.
Van pasando los pájaros de alas lunares,
van dejando las guerras sus portaviones altos,
y pájaros de fronda y maquinales pájaros,
juntos pueblan la tierra de blancas soledades.
El hombre de este siglo
ama la multiplicación de lápices y ejércitos,
la sombra del metal contra la rama,
a la mujer bañada por el aire,
irradiada de mar y eléctrica cintura.
Me sonrío despacio para que la tierra
gire infinita entre nosotros.
La mujer ama las palabras engarzadas con llanto.
Esa cima de mimbre que sostiene su cuerpo
son palabras cercanas venidas de muy lejos.
Gravedad de la espina cosida a sus escamas,
órbitas redondas nacidas con el mundo.
Crece en su galería la savia de la tierra
asciende atravesando el germen de la roca.
Dejará de ser párpado su vegetal altura,
y soñará remota con el hombre presente,
el que aguarda heladas manillas
de relojes ausentes y sonámbulos.
En su cráneo de siempre,
como glaciales mecánicos,
habitan telescopios que apuntan a la nieve.
El niño en este siglo sigue siendo mortal
como gota de llanto.
Terrestre y deslumbrado,
su corazón señala
como un sismógrafo triste,
su destino brutal, su desencanto.
Sensible a cualquier palabra o movimiento
encarama la isla de su frente
hasta un cielo de columpios automáticos.
Pero sus piececitos
aman aún el tibio estiércol del insecto y la nube,
la acidez de los mares,
la densidad temprana de su hermana la lluvia.
Oídme ahora:
Entended que hay también en este siglo
algunos huérfanos de signos
huidos para nunca.
Hombres y mujeres que ignoran
que el destino se esconde tras su nombre.
Su existencia reclama a los poetas.
Y la tierra,
que escucha su llanto sin palabras,
se llena de una nieve de angustia y universo.

 

El niño amaestrado

          MIRABA sus piececitos tapiados
como tallados litorales.
Huir de la tiranía de sus pasos
le haría bien.
Palabras
Descalzándose
Sin tiempo.

 

Entre las sombras del mundo

MUERTE me esperará mañana 
entre las sombras del mundo
y yo no la veré.
Seguirá enmendando el tiempo y el dolor
-cercana y silenciosa-,
sus ojos van dejando frente a mí
una ribera de rostros sobre ataúdes hondos.
Cerrará mis bordes
en corazón de lirios como párpados,
Encenderá la fauna interminable de la tierra,
Sobre mi desierta mirada
abrazará mis labios.
Sellará la espuma.
Reventará mi boca.
Y todavía no podré ver ceñirse
su anochecer de diente amargo.
¿Dónde su manantial de nube boqueando?
¿Dónde sus tacones elásticos,
su rigidez de muro
su morada de pájaro y miseria?
Mi muerte
me esperará mañana
como un amor de insomnio.
En ámbitos de lluvia
caeré de la esperanza hasta la nieve,
Y entonces,
-cuando el amor y el bienestar sean para los hombres-
comenzaré despacio a dibujar hondos papeles
y no habrá números ni alquimia,
Sólo palabras, deseos y amaneceres próximos.

 

Huída hacia el amor

CRECÍ nativa de laureles abiertos
y figuras de sombra.
Aún ahora,
tras las verjas de nadie me levanto.
No imagináis mis manos de silencio,
mi ronco corazón de sombra ante el salvaje
jardín de mansa arena estremecida
Mar que pesa desde el viento
Lluvia,
y en esa voluntad de luto próximo
Comenzar.
Cristal y perro perseguido,
pájaro que entra domesticado en la jaula
de alpiste y de rosal.
Y os voy amando,
puedo veros caer de muerte sin río ni sonrisa,
tan magullados por lo oscuro y solitario,
puedo veros
con fijeza de párpado que ama,
caer como montañas,
buscar los cuerpos apretados y tiernos
-para la piedra ingrávidos-
Y sin deciros nada
aprender a caer de los desiertos hasta el mar,
Acompañaros
en esa república de realidad amarga.
Miradme cuando vuelva
-eso me gustaría-,
volver sin la esperanza de encontraros.
Como la lenta flor sin paraíso
definitivamente prendida a sus palabras.

Si tenerte tan cerca bastara para amarte

Si tenerte tan cerca bastara para amarte,
como balcones tempranos, desiertas soledades,
abrirían perfumes, deshojados cristales,
y la palabra avanza hasta plisados océanos
como recia llama de frescos tulipanes.
Sobre esbeltas palabras tocar el horizonte,
abandonar los muros batidos por las aves,
como albatros cerrados sobre candiles insomnes,
como si pequeñas muertes sonoras nos buscaran.
Si tenerte tan cerca bastara para amarte
habría sueños, amor, agitados instantes,
como banderas juntas, abrazos vegetales
capaces de asombrar a la nieve del mundo.
Temblarían las rosas tendidas por el aire,
hermosas y cercanas derramando jardines.
Morirían las hormigas sagradas de la lluvia,
-si bastaran dos cuerpos tendidos en la tarde-
sucumbirían mis manos delgadas en tus márgenes
como cometas hondas, sobre universos errantes.
Género al que pertenece la obra: Poesía
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