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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Jueves, 18 de agosto de 2022

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Cartografía sin mundo (1995)

Premio de Poesía Cáceres Patrimonio Mundial. VII edición (1994)  

 

Cáceres, 1995, Col. de Poesía Ciudad de Cáceres. nº 3.

 

Él

ÉL     
tiene nombre profético
y un enjambre de labios
para alumbrar la noche.
Aunque siempre sonríe
frecuenta
los febriles jardines de mi alcoba.
Desbroza con su báculo la zarza de mi vientre.
Le place entretenerse
excomulgar cinturas y escribirme los muslos
con su lengua vernácula.
Daniel
el que siempre sonríe
profanador y arcángel.

 

El mar contiene al mundo


EL MAR CONTIENE AL MUNDO
No nos deja olvidar
pues cada ola
es un recordatorio
bramando
nuestra muerte
hacia la orilla.

 

En esta hora inexacta de la vida

EN ESTA HORA INEXACTA DE LA VIDA
donde cada habitación de la casa
nos lleva a una pregunta,
absurda en esta edad de juventud,
tras la resaca de lo sobrevivido
araño el paraíso
y cuento cada nube
para no olvidar nunca
cómo crece la nieve alrededor del miedo,
cómo crece la nieve
mientras arde la hierba
y se amontona el silencio sobre el mundo.

 

Esta es la edad del exterminio o el reparto

ESTA ES LA EDAD DEL EXTERMINIO O EL REPARTO.
Pasajeros de un mundo entretenido
en destruir su propia maquinaria.
Comunión con el vientre hinchado
del corazón de Africa,
con la piel de los tristes.
Los cancilleres cavan madrigueras
con los ojos abiertos y un puñado de dólares.
En la otra orilla
hay niños que esnifan pegamento
pequeños asesinos
que escarban las basuras.
Y niños
que trabajan los campos de jazmín
en mitad de la noche
y sus manos se rompen
bañadas en esencias
Londres París New York
perfumarán la lepra de Occidente
Londres París New York
jazminarán almuerzos
Londres París New York
blancas coronas
para las negras mesas imperiales.

 

Hoy

HOY 
tampoco ha habido islas
que abracen paraísos.
La herida
no ha cesado de adentrarse.
Nada en el horizonte.
Sólo
un extenso mar de parafina
superficie indeleble,
sábana extendida,
estela funeraria
que aguarda ser tallada
para siempre.

 

La cabaña que habito se vuela cada noche

LA CABAÑA QUE HABITO SE VUELA CADA NOCHE
está hecha de sombra cañiza
silencio azucarado
Cada mañana vuelvo a levantarla
amarro los soportes
retiro los escombros
clavo mi soledad a la techumbre
levanto empalizadas
alejo a las jaurías
Y nuevamente espero sentada en el umbral
al alma desdentada del buscador de oro
la visita del ogro que se viste de ángel.

 

La claridad se aprende

            I
LA CLARIDAD SE APRENDE
como la herida aprende a no doler.
Durante aquel eclipse
sentimos urdir la claridad,
latitud del silencio.
Fuimos cuerpo en la huella
y arenero en la noche.
Tú me hablabas de sendas,
de islas reticentes,
y praderas que crecen
al norte de la lluvia.
Del sedal infinito
celebrado en los labios,
Del insecto atraído
por la voz de las lámparas.
De emisarios que vuelven
en cajas de zapatos,
y preguntas que parten
y no regresan nunca.
II
Nada fue suficiente.
Ni siquiera el sagrado sacrificio
de cartógrafos.
Tú buscabas el vaho de los taquígrafos,
la traición para siempre
conspirando detrás de las hogueras.
Te gustaba vararte en los mercados
y presenciar la puja
el contrabando de anclas y archipiélagos.
Guardabas en el rostro,
lo mismo que se guarda
un fragmento de llanto junto al mar,
la sombra movediza de un naufragio,
y el beso inmortal del desaparecido.
En cubierta
crecían amapolas
llenas de oscuridad.
El viento abanicaba
la fúnebre caverna de los cuerpos enfermos.
Apenas fue visible
la telaraña dulce de la niebla.
III
Hay trenes profanados
y lobos en el alma
que escudriñan mareas.
Después desaparecen
dejando un chapoteo de lápidas y azufre.
Todo empieza a ser cierto.
Hierve la claridad.
La noche calza sortilegios
y mastica pupitres.
Sostenida en los bosques
las mareas terrestres
agitan el océano.

 

Me he quedado pensando

ME HE QUEDADO PENSANDO
que de pronto una despedida
puede ser un comienzo.
Y he abierto mis manos
y he pensado besarte cuando ya estés dormido
inaugurar el campanario de los besos
dibujar un pañuelo
en la seda del aire
apalabrar la senda
de tus ojos cerrados
quebrantar ese sueño
que ahora habitas
en mitad de la noche
y decirte a los labios
adiós amor
hoy quiero despedirme
zozobrar para siempre en esta isla
reparar el amor.

 

Toda la noche he navegado bajo la lluvia desconocida

TODA LA NOCHE HE NAVEGADO BAJO LA LLUVIA DESCONOCIDA,
barricada en el templo del absurdo
alguien tiembla en el pozo desde antiguo
donde crece la hierba y se amontona la noche.
En el firme del aire
tan en silencio vuela
el pájaro tambor de la madera
con su lámpara alada en la senda del bosque.
La claridad se aprende
como la herida aprende a no doler.
Alguien
dice tragar los harapos de la madrugada
el fósforo encendido
la cerilla mojada
que duerme en la claridad de la tormenta.
Alguien
dice vaciar la niebla y su nervadura
tragar harapos ciegos
tan en silencio
El terror.

 

Una mano

UNA MANO 
la misma que en la noche,
anidará en el párpado vacío del suicida
será la que conduzca
mi nave hacia el abismo.
No debes olvidarlo:
Un navío es un párpado que crece
y no sabe mirar.
Al embarcar lo sabes.
Mientras navegas
hay siempre un hombre
al borde de ti mismo
que extiende incansable su mano
para salvar a dios.
Un dios de cartón arrepentido.

Un dios suicida.

 

Género al que pertenece la obra: Poesía
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