Ir al contenido

Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 25 de junio de 2022

Inicio | ¿Quiénes somos? | Editar mi portal

Sombras y paraísos

El ángel humano

Reflexión sobre la relación entre la creación poética y la plástica.

 


Cerca del fuego, inclinada sobre mi mesa de trabajo, contemplo el movimiento de la llama que refleja en la ventana su llanto parpadeante. Tras el cristal, la máscara fugaz con que el invierno oculta el horizonte. A lo lejos, una tenue luz crepuscular que adelgaza la tarde y la convierte en humo.

Pero hay otro fuego más que arde: es una llama inmóvil que emana de la sombra y del silencio; aquel fuego tenaz que se desprende de una humilde plancha de linóleo que está sobre la mesa; tela fuerte tejida con yute, recubierta de una fina capa de polvo de corcho prensado con aceite de linaza; ventana opaca donde ir estrenando paraísos, acompasando sendas, aquilatando espacios despoblados; donde irán emergiendo sin palabras, unas figuras, unas sombras que van en busca de su cuerpo.

No alumbro. No me muevo. Habito en el vacío. Veo sombras, materias(...)

Como si se tratara de otra llama que surge desde dentro, voy ahondando la blanda superficie del linóleo hasta encontrar la luz que hay en su centro; hinco la gubia, abro caminos que huelen a madera y resinas, cuencas que se derraman como arterias vacías sobre la superficie inerte. Surcos de mar a veces, caracolas dormidas, peces blancos que saltan y salpican de aire, ángeles que se humanizan y dejan para siempre la esclavitud de sus alas.

Del mismo modo que cada paso dado sobre el alambre del tiempo nos lleva a una pregunta, cada trazo titubeante sobre la plancha de linóleo contiene ya en sí mismo la imposibilidad de una respuesta. Camino sin retorno, álgebra de la luz y de la sombra, avanzo con mi gubia sin saber, quebrando esa blandura que a veces se resiste a los buriles del tiempo. No hay cauces señalados, ni sendas reversibles, sólo marcas que encienden un camino hacia nunca.

(...) pues toda inmolación deja su propio surco, su propia oscuridad, y cada imagen tiene su propia lámpara.

Voluntarioso espejo que invierte las imágenes, tengo que vaciar de parámetros adquiridos mi mirada. Nada es lo que parece. Lo que abro a la izquierda, ocupará, definitivamente, su lugar a la derecha del papel; lo que en la plancha es territorio de nadie, será mancha indeleble, superficie intacta. Lo vaciado, luz, lo no tocado, sombra.

Mientras trabajo olvido las palabras, busco decir sin ellas, ellas que se repliegan en ese avance ciego del dibujo, de la línea que excava su silencio y se convierte en palabra desmemoriada que ha perdido su rumbo. Es el aire el que habla, surco abierto, laberinto que esparce y comunica su abismo.

La claridad se aprende, cuando la herida aprende a no doler.

El artista grabador, al igual que el poeta, carece de argumentos. Su verdadero viaje comienza en el no sé; en el sometimiento y la liturgia de la palabra viva arrancada al silencio, del trazo orgánico, capaz de despertar a la materia inerte. Paradójica libertad creadora contenida en el obedecer. Es la contemplación del otro la que dibuja una mirada que descifra lo que sentimos, pero dejando siempre una zona de veladura, oculta tras la luz.

Ahora es noche cerrada. El fuego falso exhala sus últimos estertores. El rescoldo se rinde a la ceniza. Más allá del cristal, el paisaje no alumbra, entenebrece. Sólo el sonido existe. Sobre la mesa arde una tenue luz, abierta surco a surco. Alrededor, quedan restos, virutas, pedazos inservibles, limaduras, destellos. Dentro están las sombras, los paraísos. Las palabras regresan sin decirse.

Rosana Acquaroni
(texto incluido en Sombras y Paraísos/Schatten und Paradiese, Zürich, Teamart Verlag, 2007).

 

Género al que pertenece la obra: Ensayo literario
Bookmark and Share

Comentarios - 0

No hay comentarios.


Escritores complutenses 2.0. es un proyecto del Vicerrectorado de Innovación de la Universidad Complutense de Madrid
Sugerencias