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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Domingo, 23 de enero de 2022

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LA CAPACIDAD DE PROVOCACIÓN DEL ARTE

El 29 de Mayo de 1913 tuvo lugar en París el estreno de un ballet que pasaría a la historia de la música y la danza como uno de los más trascendentes y revolucionarios. Se trataba de La Consagración de la Primavera, una obra de Ígor Stravinsky con coreografía de Váslav Nijinsky y vestuario y escenografía de Nikolai Roerich. Aquel día se concentraba en el Teatro de los Campos Elíseos de París "lo más selecto" de la sociedad parisina de entonces, expectante ante la presentación del nuevo número de los Ballets Rusos de Diaghilev. Entre los asistentes se encontraban Jean Cocteau, Coco Chanel y Pablo Picasso, entre otras personalidades, así como numerosos aristócratas y burgueses.

Stravinsky había trabajado anteriormente con Diaghilev en los ballets El pájaro de fuego (1910) y Petrushka (1911), ambos muy innovadores y aclamados. Pero en esta ocasión, una vez se levantó el telón y comenzó la obra sobrevino el caos. En el escenario, los bailarines, vestidos con singulares trajes, danzaban como si estuvieran en trance. En el foso, la orquesta tocaba extraños sonidos que parecían extraídos de un ritual. Ante lo impactante de la obra parte del público, escandalizado, exigía que se interrumpiese. En la platea y los palcos la gente se levantaba indignada, y silbaba y abucheaba tan alto que no se podía escuchar la música. Se formó un tumulto que convertiría aquel estreno en legendario.

Romola Pulsky, la que sería futura esposa de Nijinsky que se encontraba en el teatro, declaró: "Una dama elegantemente vestida que estaba en un palco sobre la orquesta se puso de pie y le dió una bofetada a un joven que estaba chillando a su lado. El acompañante de la dama se puso de pie y se intercambiaron sus tarjetas." La anciana condesa de Pourtalés se puso en pie y gritó: "¡Esta es la primera vez en sesenta años que alguien se ha atrevido a tomarme el pelo!" Mientras tanto Nijinsky, oculto entre bambalinas, gritaba a los bailarines los números de entrada, y tan sólo el director de la orquesta, el maestro Pierre Monteux, se mantuvo en su sitio durante todo el tiempo hasta conseguir finalizar la función.

La consagración de la Primavera representa un rito pagano basado en el folclore ruso y en una visión del propio Stravinsky, en la que describía un acto solemne primitivo donde los ancianos sabios, sentados en un círculo, observaban a una muchacha que bailaba hasta morir como parte de un sacrificio para favorecer al dios de la primavera. "Stravinsky rompió con la tradición clásica al utilizar una rítmica muy compleja y totalmente inhabitual para la época. Pero también introdujo una complicada armonía. De hecho, el compositor ruso estableció las bases de lo que después fue el dodecafonismo y las tonalidades libres. Nada de esto tenía lógica dentro del sistema tonal al que estaba acostumbrada la gente, e incluso resultaba desagradable" (J.M.Marrero, doctor en estética y compositor para RFI).

A pesar del terrible recibimiento inicial la obra fue aceptada e incluso aclamada en las representaciones que siguieron, y ha sido inspiración e influencia de numerosas obras y artistas posteriores.

Se dice que cincuenta años más tarde, cuando se le devolvió a Stravinsky la partitura manuscrita de La Consagración de la Primavera, éste escribió: "Ojalá quien quiera que escuche esta música jamás experimente la burla a que fue sometida y de la cual fui testigo en el Teatro de los Campos Elíseos, en París, en la primavera de 1913."

 

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