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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Viernes, 18 de junio de 2021

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Editorial: La Universidad que yo quiero

LA UNIVERSIDAD QUE YO QUIERO

Rebeca Albesa Labrador, Dirección de E-Innova UCM

 

La primavera ha llegado, y con ella una tromba de innumerables huelgas y manifestaciones de profesores y estudiantes universitarios en oposición al cambio de perspectiva política educativa de la propuesta legislativa "3+2", que se desarrolla en la línea de una mayor privatización de los servicios públicos, como es en este caso particular, la enseñanza pública universitaria.

La intención es simple y sencilla: que sólo puedan acceder a los niveles superiores de conocimiento y enseñanza aquellas personas que provengan de situaciones económicas elevadas que les permitan afrontar los nuevos costes de los estudios de postgrado, particularmente los másters. No es mala idea para quienes pretenden perpetuarse en el dominio del poder económico, disponer de una élite universitaria bajo su amparo y protección, descartando a todas aquellas personas jóvenes que por sus circunstancias económicas no pueden hacerlo.

Por otra parte, al mismo tiempo, se conseguiría, así también, despojar al conocimiento de sus aspectos más críticos y humanistas. Todo, hasta la Educación, adquiriría un perfil funcional y técnico, una situación que perjudicaría especialmente a las titulaciones de carácter no científico, tachando de ideológicas las cuestiones más reflexivas sobre la naturaleza humana y sus problemas. Pero hasta los saberes más científicos se pueden adquirir pensando en la búsqueda solidaria de soluciones reales para los graves problemas de la humanidad o pensando en los beneficios más exclusivos.

Yo, como estudiante universitaria de grado, ya he vivido -y sobrevivido- el aumento creciente y exponencial del coste de las tasas universitarias en los últimos años, y, ahora, me enfrento a la situación de seguir pagando matrículas desorbitadas por especializarme con un máster (si no, ¿qué hago?), que aparentemente no resulta imprescindible sino complementario, pero sin el que la simple titulación de graduado se quedaría empobrecida en el mercado laboral.

Pertenezco a una generación en la que creo, una generación que no va a rendirse fácilmente ante los intentos privatizadores de los servicios más necesarios para el colectivo social. Una generación que cree que las cosas son absolutamente mejorables, que siente la innovación como uno de sus objetivos prioritarios, que busca la calidad e idoneidad de sus conquistas intelectuales y en la que resurge con fuerza el sentimiento por una inmediata humanidad mejor. No estoy sola, miles de compañeros de todo el mundo participan de ideales comunes que se están ya cristalizando en los nuevos modos de entender las relaciones sociales y políticas.

Pero, hasta para creer en uno mismo se necesita una buena formación básica garantizada, y para creer en la fuerza de las ideas compartidas y saber cómo materializarlas en conquistas científicas, sociales y culturales eficaces y beneficiosas para todos, se necesita una formación superior solidaria que sólo la universidad pública puede garantizar.

Nuestra revista comparte estas ideas e ideales, ¿y tú? Como canta Jose Antonio Labordeta, "no te quedes en la puerta, entra hacia dentro".

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