Ir al contenido

Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Viernes, 18 de junio de 2021

Inicio | Secciones | ¿Quiénes somos? | Equipo E-Innova | ¡Publica con nosotros! | Revistas culturales

Sugestión, fe y magnetismo: ¿Curación psíquica de las enfermedades?

SUGESTIÓN, FE Y MAGNETISMO: ¿CURACIÓN PSÍQUICA DE LAS ENFERMEDADES?

Tomás Andrés Tripero, Director de e-innova.ucm

 

Superada la mentalidad dualista alma-cuerpo, ver número anterior "Psicología de la conciencia y de la voluntad de superación", podríamos ya plantearnos preguntas que podrían resultar arriesgadas.

¿Podemos curar a través de los poderes psíquicos? ¿Existen poderes mentales en los seres humanos con la capacidad de vencer las enfermedades propias y las de los demás?  

¿Podría darse - incluso - un contagio afectivo-emocional de enfermedades, en principio no necesariamente contagiosas,  por motivos de empatía, afecto o, incluso,  culpabilidad?

Conocido es el caso - que actualmente se atribuye simplemente a cuestiones genéticas hereditarias - del padecimiento de alguna enfermedad por miembros de una misma familia. ¿Se puede, de la misma manera lograr una curación emocional por empatía y afecto?

El caso es que parece ser que, como afirmaba Mesmer, sólo un ser humano puede realmente salvar a otro ser humano

Mesmer nació el 23 de mayo de 1734 en Iznang, a orillas del lago Constanza.

Fue un científico erudito - amante del arte y de la música. Gran amigo de Wolfgang Amadeus Mozart -quien aún guarda muchos secretos en su biografía - y decidido amante de la filantropía, y de la verdad científica y moral.

Según él nuestro universo se encuentra inter-penetrado por ondas magnéticas invisibles, por misteriosas corrientes y tensiones de energía, que serían sólo perceptibles por el alma humana pero, también, por el instinto agudo de los animales. La ciencia actual parece tomar prudentemente en consideración estas afirmaciones que en su tiempo podrían resultar extremadamente temerarias.

Nos advirtió, además de la estrecha relación entre el microcosmos individual y el macrocosmos universal, entre el "alma universal" y el "alma individual".

Estamos hechos - efectivamente - del mismo material que las estrellas, somos "polvo de estrellas", y también... ¿cómo no? de la misma sustancia que los sueños.

Pero, además, ese fluido psíquico universal - del que el ser humano participa - puede transmitirse de una persona a otra, o entre varias personas físicamente conectadas a través de sus dedos o de sus manos.

Un extraño fluido que, según él había demostrado con su experiencia personal en reiteradas ocasiones, podía restablecer la armonía interrumpida de la mente y del cuerpo.

Ya que, en su opinión, eran las turbulencias del alma las que provocaban las enfermedades del cuerpo. Los conflictos, desequilibrios o alteraciones psíquicas las que podrían influir negativamente en los factores de estabilidad y equilibrio orgánicos.

De nuestra existencia vital  concreta emana pues una fuerza poderosa - aún sometida a leyes que se aún se nos escapan - que podría actuar de manera asombrosa no sólo sobre el cuerpo - restableciendo su equilibrio y salud - sino también, psicoterapéuticamente, sobre la felicidad, la voluntad e incluso los deseos más íntimos de otras personas.  

"De todos los cuerpos de la naturaleza es el ser humano el que actúa con más eficacia sobre otro ser humano" Decía.

Esa fuerza se encontraba, según Messmer, en el magnetismo humano (al que en realidad llamaba magnetismo animal para diferenciarlo del curioso poder de atracción que se encerraba en la naturaleza mineral de los imanes)

Un poderoso magnetismo animal, humano, psíquico en definitiva  que él proclama como la gravitas universalis. El spiritus purus, ignis subtilissimus del maestro Hipócrates.

Había pues una energía psíquica, una energía anímica o espiritual  que sanaba, ya fuera por la acción a distancia de la voluntad  o bien por la irradiación o exhalación de una especie de fluido nervioso corporal.

Hay que decir, por otra parte, que Schopenhauer encontró en esta idea el argumento de la supremacía de la voluntad sobre la razón. La capacidad de utilizar el deseo como una fuerza reveladora de las capacidades psíquicas humanas.

Con el descubrimiento de la eficacia terapéutica de la sugestión (lo que Messmer llamaba magnetismo) y  con la convicción - ahora nada desdeñable por la rigurosa ciencia experimental actual -  del origen nervioso o psicológico de las enfermedades, con el desvelamiento  de vida psíquica en regiones más allá de la consciencia  y con prácticas de curaciones sugestivas e hipnóticas a través de la energía psíquica, se abría pues una nueva dimensión no sólo para la psicología profunda, sino también para una ciencia médica que quisiera romper las barreras tradicionales que impiden, por su propia torpeza, muchas curaciones reales.

Esa sorprendente realidad que Heinrich von Kleist llamara el "lado nocturno de la naturaleza humana" y sus estados crepusculares se iluminaban por vez primera, con la convicción de que la enfermedad - diríamos nosotros - no sería más que el lado nocturno de la vida que habría que iluminar con la fuerza luminosa de una psique resplandeciente.

Bien es verdad que sus teorías abrieron la puerta de todo tipo de creencias demenciales  y prácticas engañosas y estrambóticas,  de tendencias espiritistas y ciencias supuestamente ocultas que se aprovecharon, con fines no precisamente terapéuticos,  de la experiencia real que podía llegar a provocar el trance y la clarividencia.

Y así fue cómo  entre los experimentos telepáticos y  de telequinesis, floreció toda  una tropa de supuestos médiums, videntes  y curanderos que no pretendían otra cosa que - como ahora a través de programas infames de televisión comercial - aprovecharse de la ingenuidad  y la falta de criterio, rigor y crítica de sus seguidores y "pacientes".

Pero, desde luego, Mesmer no era un charlatán ni un lunático - era médico - y no se cansó de suplicar que se investigaran, con rigor e imparcialidad, los sorprendentes poderes del magnetismo humano.

Poderes que actuaban a partir de la simple frotación de las yemas de los dedos sobre las sienes de la persona enferma para curarla o  cuando se  practicaban  movimientos circulares sobre los músculos provocando convulsiones y bruscos temblores nerviosos que paradójicamente servían para sanar.

¿Podría el así llamado magnetópata estimular las redes nerviosas incrementando, de esta manera, su  poderosa energía vital para activar una fuerza interna - aún desconocida  del organismo -, pero capaz de conducirle a la curación?

A partir de éste extraordinario precursor se abría la puerta no sólo de la noción psicológica de la sugestión sino también la de la hipnosis, que fue aceptada como un recurso científico válido de la psicoterapia a partir de su descripción científico-experimental por Braid en su "Neurohipnlogía (1843)

Posteriormente ya en 1882 Charcot aplicaba esta técnica de sugestión, con éxito, en la Salpêtrière de París.

Y de él aprendió esta técnica de exploración de las raíces de la histeria- más allá de lo que la conciencia reprimía en estado de vigilia -  un joven neurólogo: Sigmund Freud.

La hipnosis y la interpretación de los sueños adquirieron, desde entonces, un sorprendente valor curativo.

En opinión de Mesmer, la enfermedad se produce como consecuencia de una  seria alteración de la armonía de la persona, de los ritmos internos de la música de la vida. ¿Los ritmos de comunicación inter-neuronales?

Hace ya tiempo que yo me atrevía a afirmar que la enfermedad y el envejecimiento no  eran más que el resultado de  un largo proceso de funcionamiento disarmónico celular que podría perfectamente llegar a curarse, controlando los procesos rítmicos que codifican los mensajes biológicos en el núcleo mismo de la célula.

El posible desciframiento físico-matemático de los procesos de comunicación intercelulares y especialmente los inter-neuronales - a través de la sinapsis - nos podría permitir llegar a recodificar y corregir las "disritmias" o "disarmonías" que provocan los procesos degenerativos en cualquier edad y particularmente en las edades más avanzadas.

Los códigos binarios de interpretación, informatizados y auto-matizados de la mano de las más innovadoras tecnologías quizá podrían desvelarnos secretos que darían lugar a una nueva concepción de las enfermedades y de su curación, a una nueva era científica y a un nuevo paso delante de la humanidad doliente.

Actualmente a los ojos de las neuro-ciencias más avanzada esto no parece ya un disparate.

La actividad bioeléctrica - eso que Mesmer llamara magnetismo animal - no es ya un misterio para las neurociencias, pero sí lo son los códigos de comunicación inter-neuronales, la naturaleza de sus alteraciones y sus degeneraciones patológicas a cualquier edad.

La verdad es que parece  que se haya llamado más  la atención sobre los posibles aspectos patológicos nerviosos que sobre su más que factible potencialidad bioenergética para ejercer acciones curativas sobre el organismo enfermo. ¿Sabemos lo suficiente sobre las potencialidades terapéuticas de la energía psíquica auto-aplicada o proyectada sobre nuestros semejantes?

A lo mejor pudiera suceder que hay muchos malos a los que no les interesa demasiado este tipo de planteamientos, quizá porque ya conocen las respuestas y esas respuestas podrían alterar su actual situación de control, ganancia o poder sobre los demás.  Quizá porque deseen que las cosas sigan igual para sus planes y beneficios, que -en definitiva - los seres humanos mueran y no sean felices

"Siempre he observado - Decía Mesmer - que los llamados malos ganan siempre y los buenos pierden"

Bookmark and Share


Logotipo de la UCM, pulse para acceder a la página principal

Copyright © 2017 E-Innova

ISSN: 2172-9204