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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Martes, 25 de enero de 2022

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Febrero el mes que no existía. Aún estamos a tiempo

En el calendario romano no existían los meses de enero y febrero y era marzo - el mes de Marte, el dedicado al dios de la guerra - el que daba comienzo al año.

 

Vamos por lo tanto a aprovechar esta circunstancia mágica de colocarnos al margen del tiempo para contribuir a expresar lo inexpresable, a liberar la prohibición del pensamiento libre, a seguir construyendo un presente distinto a lo que se nos quiere imponer a la humanidad doliente en todo el conjunto del planeta.

La política global, la que se agita al capricho y la tiranía de los poderes económicos más violentos y crueles - la política de los facta bruta sin contemplaciones -, se olvida tanto de las verdades de razón (vérités de raison), como de las verdades de hecho (vérités de fait). Aunque tímidamente se eleva un poco la voz de algún representante de nuestra nación en la Europa sometida a la tiranía del mercado "triple A", nada de lo que se trajina se refiere, en realidad, a los verdaderos intereses de una sociedad vulnerada, debilitada y necesitada.

Si se pretende destruir la filosofía - por el absurdo inútil de su pretensión crítica del sistema político-económico - lo que prevalecerá será la miseria de un pensamiento acorde con la propia miseria de la época. Un pensamiento impotente, liquidado, que ya ha renunciado a pensar, lo cual favorece el sentido de cierta orientación del voto.

En la jerga del poder, expresada como ritual de dominación, es ya imposible distinguir el sentido de las palabras y la verdad que deberían contener; su "valor objetivo" ha perdido cualquier atisbo de objetividad en relación con los hechos que realmente le importan a la gente.

El discurso farfullero dominante se ampara en la supuesta invulnerabilidad de lo que no puede ser pensado de otro modo, aunque sea doloroso, ¡qué se le va a hacer!

En realidad no se trata tanto de afirmar la importancia del pensamiento como la dictadura implacable de lo que simplemente está ahí.

Pero ahí también está la individualización concreta, inmediata, palpitante, de nuestra propia experiencia personal, empírica, con su plenitud vital y emocional de sentido.

Y si se nos niega una conciencia del derecho a la dignidad, al placer y a la felicidad del aquí y del ahora - una conciencia que parece no poder existir por decreto - se nos está negando la facticidad espaciotemporal, la esencia misma de nuestra existencia. El ser es de este modo sustituido por la nada, una vez perdido el carácter funcional que Kant atribuía a la subjetividad.

Pero aún estamos a tiempo de evitar que el pensamiento se convierta en sumisión, una de las formas más peligrosas de la conciencia regresiva. Estamos a tiempo también de reivindicar el potencial utópico factible de nuestras ideas.

Estamos a tiempo de no hacer causa común con la mentira, de salir del hechizo, de darnos cuenta de todo lo que - a partir de la falsedad - se ha cometido contra nosotros.

Estamos a tiempo de impedir que se propague la estupidez como la fuerza imparable que ha de trasladar a los seres humanos a la única verdad admitida: la de la negación de todo aquello que a nivel personal realmente importa.

Febrero es tiempo pues para no sucumbir, ni a la represión imperante de la libertad ni al engaño de los actuales poderes dominantes en el mundo.

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