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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Miércoles, 30 de noviembre de 2022

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Cristo se ha ido dando un portazo

Acaba febrero y Cristo se ha ido dando un portazo para irse a vivir con el cura Paco, que en un pueblo humilde cuida a un inmigrante enfermo. Ratzinger también se ha ido. El cura Paco podría llegar a ser encarcelado si se aprueban las leyes de quienes diciéndose los máximos defensores del cristianismo niegan el principio universalmente reconocido de asilo a los más desvalidos, los más pobres, de quienes el mismo Cristo dijo que lo que hicieran con uno de éstos es como si lo hicieran con él mismo. ¿Veremos a Cristo y al Cura Paco encarcelados? El primero ya tiene práctica y sabe, por experiencia, que podemos llegar a cosas mucho peores.

 

Entre tanto aquí pueda instalarse sin problemas quien quiera que venga de fuera con abundante dinero de origen discreto; entre tanto se incita a la ludopatía más extrema, al engaño más extremo de quienes creen que pueden salir, con el juego y con el dinero del juego, de sus problemas económicos o laborales. Ya se sabe, la banca siempre gana y siempre tendrá un detalle. Entre tanto se malvenden nuestras emblemáticas empresas de transporte a extranjeros que vienen a quedarse con todo. Entre tanto se carga violentamente, violentando derechos, contra los ciudadanos que sólo quieren un País. ¡Nunca más la violencia contra el pueblo soberano! Entretanto hay una bolsa de fraude, por parte de las grandes empresas e inmensas fortunas de 88 mil millones.

¿A quién, cómo y de qué manera benefician realmente las llamadas "políticas de austeridad" (dicho en el lenguaje totalitario) esto es, las "políticas de empobrecimiento" (dicho en el lenguaje de los ciudadanos)? Todos lo sabemos pero hay cosas que aunque sean verdad no se deben decir.

¿Hasta cuándo vamos a permitir que la malnutrición infantil, que fatiga la salud y afecta al rendimiento escolar, alcance a casi un millón de niños en nuestra patria?

¿Seguiremos socializando las pérdidas que no hemos generado y privatizando los beneficios obtenidos a costa de nuestros sacrificios?

¿Seguiremos siendo los estados periféricos para quienes nos imponen sus normas desde el norte? ¿Por qué no decidimos, de una vez, que los "periféricos" sean ellos? Nosotros estamos muy bien donde estamos, nosotros somos el centro de la civilización.

Así acabó un febrero en el que Obama, en su discurso sobre el estado de la nación, nos dijo: ¿Por qué más recortes en educación y sanidad para favorecer a los intereses de los poderosos?

Febrero acabó hace ya dos semanas, lo único que ha sido un poco entretenido es la reaparición de Mortadelo y Filemón - los de la agencia de información - poniendo micrófonos en floreros horteras de restaurantes caros, y sólo para poder oír lo que ya nos imaginábamos. Y es que en este país no necesitamos más detectives que estos entrañables personajes, porque o decimos las cosas a gritos para que se entere todo el mundo o nos podemos imaginar, sin necesidad de ser demasiado inteligentes, lo que se dice bajito mientras se degusta una buena langosta. A costa nuestra, naturalmente.

Llega marzo con el día optimista de la mujer que va a cambiar el mundo, con el recuerdo trágico de un día 11; ¿cómo puede caber tanta perfidia, tanta maldad y barbarie deshumanizada en una mente criminal y fanatizada, por muy bien financiada o perturbada que esté? ¿Cumplirán TODOS los responsables su castigo? Me temo que no. Pero algún día lograremos, mediante la educación, que cosas así no puedan volver a ocurrir jamás.

Aburridos de tanta corruptela de chulos y prepotentes impresentables, desilusionados y con la conciencia de no ser representados por casi nadie, ni siquiera por quienes gritan que no nos representan, con una democracia en la que cada persona no es un voto, sino sólo su pequeña parte proporcional en virtud de una ley electoral atada y bien atada para que siempre ganen los mismos, entramos en la promesa de la primavera. ¿Seremos capaces de hacer brotar un mundo nuevo?

¡Ah! Cristo volverá - como todas las primaveras - aunque siempre seguirá estando con el cura Paco, porque todo un pueblo de la central periferia del mundo "anda pidiendo escaleras para subir a la cruz".

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