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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Martes, 19 de octubre de 2021

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El secreto de la divulgación

La sociedad actual demanda información rápida y concisa acerca de lo que le interesa y busca. Por ello los manuales extensos y engorrosos con capítulos largos y escasamente ilustrados hace tiempo que pasaron de moda, sustituidos por los más ligeros y compactos, que dan una información menos minuciosa y "científica" pero igualmente correcta..

 

Y es que la divulgación científica debe aceptar como hecho irrevocable que hoy en día el ritmo actual tan estresante y agotador impide que nuestros lectores se concentren en el significado de unas palabras que no conocen y que no pueden tratar de entender en los escasos segundos que dura el esfuerzo de la lectura. Por ello los autores y editores deben buscar palabras correctas, pero fácilmente accesibles para el lector medio, consiguiendo el mismo efecto comprensivo que el que se busca usando un lenguaje científico, que, fuera de toda duda, desconoce la gran mayoría del público potencial que sin embargo puede sentirse atraído por el tema tratado en nuestro libro.

A esto se le ha llamado "vulgarización" del lenguaje, teniendo un sentido peyorativo que a día de hoy no debería contemplarse de ese modo. Más bien debería entenderse como una estandarización. Sin embargo, y obviamente esto no quiere decir que se deba rebajar del nivel lingüístico más alto al más bajo, sino que debería elegirse un lenguaje llano y ortográficamente normativo pero comprensible para el público al que queremos llegar.

Además el empobrecimiento del nivel educativo tampoco ofrece muchas más opciones. La solución sería que desde las instituciones y el gobierno se realizara una reforma educativa que volviera a devolver al alumnado el gusto y las ganas por el conocimiento y el aprendizaje, pero hasta que esto suceda, algo que por otro lado desafortunadamente no está en nuestras manos, tenemos que, como se dice coloquialmente, "sacarnos las castañas del fuego" y encontrar la manera de ser atrayentes y renovar nuestra imagen, sin dejar por ello de ser estrictos y concienzudos en nuestro trabajo.

Por ello a la citada "estandarización" lingüística, debemos hacer otro esfuerzo, y es comenzar a escribir no sólo para "iniciados" o  aficionados, sino para aquellos que por primera vez adquieran un libro de nuestra temática. Por lo tanto nuestros textos, al menos los que sean de un contenido general y no especificado en ningún aspecto o materia concreta., deben contener una parte de información muy básica, para enganchar a nuevos lectores a seguir aprendiendo de nuestros conocimientos.

Igualmente, aunque es algo que ya se hace, como he dicho al principio, con asiduidad en muchos manuales y libros, es necesario presentar una edición atrayente, con gran cantidad de dibujos, tablas, fotos, viñetas explicativas, el tipo de letra empleado debe ser a poder ser lo más visual posible, que al lector no le "duelan los ojos" al tratar de permanecer leyendo durante un amplio periodo de tiempo y que pueda distraer la vista contemplando las ilustraciones a la vez que obtiene mayor información acerca de aquello que va conociendo.

Para muchos autores esta labor les resultará difícil, porque cada uno tiene su estilo propio y su forma de comunicar, y además los autores solemos ser realmente celosos acerca de nuestra forma de trabajar, pero debemos mentalizarnos de la utilidad del esfuerzo y además concienciarnos de que ello no supone necesariamente cambiar de estilo, sino precisamente el de hacer nuestro estilo por una parte más accesible para nuestros clientes, que al fin y al cabo es lo que son nuestros lectores, y por otra parte redundar y convertir en beneficio económico o personal el producto de dicho esfuerzo. Por lo tanto en convertir nuestros textos académicos en divulgativos tiene, en varios sentidos, más beneficios que perjuicios, y por lo tanto, debemos abrazar cualquier mejora que pueda suponer realmente un avance económico y tal vez mediático para nosotros.

Como conclusión, si aplicamos estos sencillos consejos en nuestros futuros trabajos podremos, no sólo mejorar nuestros horizontes, sino que podremos combatir, en las disciplinas científicas en que esto ha ocurrido, y son unas cuantas, a aquellos autores que, dicho de forma soberbia pero cierta, sin tener la misma formación ni conocimientos acerca de los temas sobre los que escriben, sin embargo llegan a un mayor nivel de público y de difusión porque a ellos no les cuesta tanto llegar al nivel del lector medio como sí les ocurre a muchos autores científicos. Sus textos, por otro lado, debido precisamente por las carencias de estos autores, suponen un triunfo de la ignorancia y la falsa divulgación, y por otro lado incluso llegan a oscurecer, para provecho propio, la labor de los verdaderos divulgadores.

Por lo tanto, nuestra labor no debe suponer un esfuerzo ni un sacrificio, sino una herramienta eficaz para mejorar nuestra imagen, y dignificar nuestro trabajo. Demostrar que los sectarios y oscurantistas son otros y no nosotros, y que la ciencia real y el conocimiento no es algo a lo que se deba temer o contra lo que se deba luchar.

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