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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 13 de julio de 2024

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Sci·Fdi:
Revista de ciencia ficción, 2024 enero 10; (31) Número 31

Editorial

Para comenzar el año con buen pie, les proponemos que hagan mucho turismo. Eso sí, no se preocupen si su presupuesto es escaso o si tienen miedo al avión, porque siempre nos quedará la opción de viajar gratuitamente con la ayuda de la imaginación de nuestros queridos colaboradores. Para empezar, nos iremos a El otro mar para descubrir una exótica especie. Posteriormente, en nuestro largo viaje de colonización del planeta Kepler, nos interesaremos por la evolución del pasajero Alpha-392. A continuación, tomaremos aliento quedándonos un rato en nuestro propio planeta para conocer los sucesos que ocurrieron en un futuro cercano Tras el eclipse, aunque la diferencia entre los conceptos de futuro y pasado se nos pueden confundir un poco cuando nos expliquen en qué consiste el Nacimuertemiento. En cualquier caso, seguro que no nos impide seguir viajando hacia un mundo donde Morir en llamas o hacia un pasado muy lejano donde encontremos a Eva y a su hijo Caín, famoso en su época por ser El inventor de la rueda. Para terminar, nos iremos lo más lejos que podamos, viajando por un Universo sin fin.

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El otro mar

La criatura levita en silencio. El cuerpo sube y se confunde con el mismo aire, hasta desaparecer. Esta es la octava vez que lo ven y de nueva cuenta no han podido atraparlo.

«Un fantasma», es la improvisada explicación dada por Oximení, al presenciar la aparición del ente. «Te digo que son fantasmas».

 Su voz resuena cansada por el intercomunicador de su casco mientras avanza a zancadas por el suelo pedregoso de Osiris-37B. El gran sol naranja ilumina con intensidad el cielo morado mientras algunas estrellas se asoman tímidas en el firmamento.

«¿Cómo va a ser un fantasma?», responde Azimitl, incrédula por las palabras de su compañero.

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Alpha-392

-Capitán, hemos probado con todo.

Es imposible recuperar la nave, dadas las circunstancias.

-Bueno, al menos llegamos de una pieza.

Es una verdadera lástima. Habría sido útil en la colonización de "Kepler".

En órbita estacionaria, nos hubiera servido de refugio frente a los desastres naturales.

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Tras el eclipse

Magnus irrumpió a la sala de clases evitando la mirada de los presentes. Con una mano se agarraba al maletín y bajo el otro brazo llevaba la gruesa carpeta con las clases del día. Por un segundo mantuvo fija su mirada más allá de la ventana abierta, hacia el horizonte, pero la luna diurna estaba pegada al cielo como un broche de pascuas. Lucía tan nítida y cercana que prefirió cerrar los ojos. No estaba de ánimo para pensar en nada exterior a esta tierra, en especial aquella mañana. Respiró con calma tratando de aislarse de las molestas noticias. De lograrlo, tal vez pudiera impartir una lección decente. 

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Nacimuertemiento

Recuerdo esa iluminación cegadora, un sentimiento de felicidad ilimitada y un amor interminable. Me sentí arrancado de aquel estado, cogido por dos criaturas brillantes y chupado hacia un túnel oscuro. Un maravilloso resplandor estaba alejándose cada vez más, hasta que desapareció totalmente. No sentí miedo, todo era deliciosamente indiferente.

Cuando volvimos a la tierra, las criaturas me soltaron. Me encontré al lado de mi cuerpo.  

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Morir en llamas

-No quiero sufrir -exclamé rodeada de llamas.

Mi casa se estaba quemando, y en un momento, yo también lo haría.

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El inventor de la rueda

En el salón de la sencilla casa de adobe, la abuela Eva enseñaba a leer a su nieta. La abuela sabía que ya no necesitaría volver a saber leer en el tiempo que le quedaba de vida, así que podía por fin darle su conocimiento de lectura a alguno de sus nietos, concretamente a su nieta preferida.

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Universo sin fin

El tiempo siguió pasando para quienes eran los semidioses de las estrellas. Sin embargo, aún este concepto del tiempo era cada vez más difuso. A medida que la flota del Supremo Thorklind se alejaba más y más en el Cosmos, los sabios de a bordo pudieron comprobar que el tiempo sufría variaciones. En efecto: cuando navegaban entre agrupaciones estelares más o menos convencionales, el tiempo parecía dilatarse, aplanarse, achatarse, ralentizarse, etc., mientras que cuando las naves quedaban sometidas al influjo de lo que parecían ser inmensos Atractores gravitacionales, el tiempo se aceleraba y, en su conciencia, ellos mismos creían que todo sucedía más rápidamente. Lo cierto es que los Atractores, con su colosal fuerza gravitacional, estaban nada menos que re-estructurando el Universo. En este sentido, Thorklind a veces meditaba por largo rato qué camino seguir. 

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