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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Jueves, 18 de julio de 2024

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Sci·Fdi:
Revista de ciencia ficción, 2024 Junio 1; (32) Número 32 Sci-FdI

Editorial

Queremos comenzar este editorial dando la enhorabuena a Francisco Romero, uno de los editores fundadores de Sci-FdI. Durante estos últimos quince años, Paco ha sido uno de los principales motores de la revista. Ahora ha llegado el momento de su más que merecida jubilación, por lo que además de desearle lo mejor en su nueva etapa, queremos hacerle un poco la pelota para convencerle de que siga colaborando con nosotros. ¡¡Necesitamos tu buen criterio y sensatez!!

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Onirobionte

-No recuerdo cuándo fue la última vez que soñé -le explica el paciente a la doctora, con voz cansada. Sostiene en sus manos la libreta en donde escribe todos los pormenores de la conversación.

Sobre los márgenes de una de las hojas empieza a dibujar un par de peces entre las palabras recién escritas. El trazo es lento y a veces accidentado por el pulso nervioso de su mano, pero por fin, tras unos segundos, la tinta adquiere la forma deseada de las criaturas marinas.

Todo sea para no olvidar.

Después de hacer el dibujo sus ojos enrojecidos contemplan enfrente suyo a la doctora, quien desde su escritorio revisa con atención los resultados médicos. La expresión de ella es notablemente seria y su vista se dirige a veces hacia él y otras veces hacia el fajo de hojas.

-Aunque duermo siento que no descanso nada -agrega él, revisando entre sus notas los síntomas que en días pasados experimentó y anotó cuidadosamente:

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Onirobionte (continuación)

Tras el paso de unas semanas confusas, la doctora le cuenta al paciente sobre un nuevo tipo de trasplante.

En laboratorios de distintas partes del mundo se hizo patente que había un organismo que podría ser un excelente candidato para la transferencia de sueños a los humanos.

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Contacto de tercera fase

Había pasado mucho tiempo desde el último contacto (según la medida terrestre). Nombres como Quetzalcóatl y Viracocha solo eran parte de leyendas de algunos pueblos primitivos. Pero ya los habitantes del tercer planeta habían alcanzado un desarrollo técnico lo suficientemente grande como para poder establecer contactos con civilizaciones de otros mundos. Los dos exploradores sobrevolaron el tercer planeta en una nave de reconocimiento. Habían adoptado formas terrestres, las formas que según imágenes tomadas previamente eran las más gratas y bellas para los habitantes de este mundo: eran altos y rubios, de ojos azules y vestían trajes de contención interestelares adaptados al protocolo, llenos de broches, estrellas y cremalleras incluyendo protectores ópticos de luz visible (la luz solar era muy fuerte para ellos). 

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El señor Satán

Juanito vió a un chivo negro.

-¿Quién eres? -preguntó el pequeñín.

¡Yo soy el Señor Satán!

Matías escondido en unos arbustos se divertía mucho viendo la cara de su hermano menor.

No hay nada mejor que una alucinación buena -pensó y guardó un "perturbador" de las ondas cerebrales (su último invento).

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¡¡¡Espada láser!!!

A los buenos viejos amigos.

 

El huracán pegó de verdad a cosa de un minuto antes de medianoche. Las ráfagas de viento restallaban una tras otra, sin descanso, ¡cómo si al mismísimo señor en lo alto le estuviese dando un soberano ataque de tos! Los tres hombres idénticos permanecían dentro del carro de policía parqueado en el callejón. La ciudad estaba sin luz. Solo se podían oír las pesadas gotas volando con el viento.  El oficial Brian observó con inquietud la forma en que se tambaleaban esos transformadores eléctricos, tan macizos en sus enclenques postecillos. Decidió mejor mover la patrulla hasta la otra esquina y ganar una mejor visión de la calzada. Los otros no dijeron nada cuando él apagó los limpiaparabrisas y las luces delanteras, de todas formas, no había mucho que ver en medio de aquella ventolera embetunada.

-...unidades cercanas a la Avenida del Puerto acudir a Venegas y San Ignacio, colapso de residencias, repito... -la voz chirriante se entrecortó.

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El primer libro

Prólogo.

Tranquilo, no pasa nada.

 

Palacio Rojo: Deja de leer. Cierra el libro. Al llamarlo así, quizás exagero. Esto no es un libro. Incluyendo este aviso al principio, creo que actúo de buena fe. Espero que cunda el ejemplo y advertencias como ésta se lean en las cubiertas de tantas pretendidas novelas, poemarios y ensayos. Denuncien a los papelistas que les estafan con anunciadas historias que merecen ser leídas, versos que merecen ser aprendidos, frases que merecen ser repetidas, repetidas hasta que se conviertan en verdad. No a mí.

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Adeste fideles: la ciencia ficción y la religión

En los turbulentos tiempos que nos toca vivir, donde el sentido común va cediendo lenta pero progresivamente ante el oscurantismo de falsas mixtificaciones de un pasado bucólico y cultos emergentes que se pretenden basados en la ciencia (esto es, cuando el propio principio científico, falseado o manipulado, inevitablemente se pervierte en una letanía litúrgica), merece la pena indagar el papel que la ciencia ficción ha jugado en el tratamiento de los temas religiosos, al margen de los credos y confesiones particulares. A primera vista, la ciencia ficción y las cuestiones religiosas o místicas parecen términos antitéticos, al menos si tenemos en mente las obras con un contenido técnico o científico considerable. No obstante, la proximidad es mayor de lo que pueda sospecharse a primera vista, y la cantidad de obras que tocan el tema, de modo central o tangencial, es muy abundante. El mito del "astronauta antiguo" se remonta a los orígenes de la historia escrita, y no falta quién le ha dado una interpretación mística, justificando de este modo la aparición de los diferentes credos.[1] Textos tan antiguos como el mito de Gilgamesh o las escrituras sagradas del hinduismo sugieren (con una dote no desdeñable de imaginación) una intervención externa a nuestra especie, que hubiese dado lugar a los mitos divinos. La eclosión del fenómeno OVNI, por su parte, ha revitalizado estos mitos, proporcionando nuevos escenarios para estas hipotéticas visitas de emisarios del cosmos. Desde una perspectiva científica, destacados autores como el famoso astrónomo Camille Flammarion trataron de reconciliar el progreso científico (fundamentalmente durante el siglo XIX) con las creencias religiosas, proporcionando de este modo una primera motivación para la literatura de ciencia ficción.



[1] Dos de los autores más conocidos (y polémicos) en este contexto son Erich von Däniken y Salvador Freixedo, ambos contumaces paladines de la hipótesis de una exégesis extraterrestre y su intervención en nuestra evolución y cultura.

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